Ningún viaje a Miami está completo sin un día en La Pequeña Habana: el corazón palpitante del alma cubana de la ciudad. Aquí va un plan feliz y sencillo para disfrutar Calle Ocho como un local.
Empieza la mañana con un cafecito en una ventanita, esos mostradores de café al paso que son puro ritual miamense. Pide una colada para compartir o un cortadito para ti, y no tengas prisa: la ventanita es tanto conversación como cafeína.
Luego camina hacia el oeste hasta el Parque Máximo Gómez, mejor conocido como el Parque del Dominó, donde leyendas locales se enfrentan en partidas de dominó bajo la sombra. Mira un juego, admira los murales y recorre el Paseo de la Fama que honra a estrellas latinas.
Al mediodía, sigue el olor a lechón. Los restaurantes cubanos familiares de Calle Ocho sirven ropa vieja, sándwiches medianoche y un flan que sabe a casa. Deja espacio: el postre no es opcional.
Por la tarde, explora las galerías de arte y las tiendas de puros de la avenida, y termina el día con música en vivo en un local de la zona mientras la calle cobra vida a la hora dorada.
La Pequeña Habana no es solo un barrio: es una celebración de la cultura que nunca termina. ¡Dale!